El Rutinario
Las ficciones de la realidad
sábado, enero 2
Retorno al inicio
Los retornos siempre son mejores al inicio. Volver no a donde mismo sino a la continuación del tiempo cíclico pero desde un punto que se acepte como primero. Entonces, el primer día del año puede, acaso, ser el indicado. Dejémonos de pendejadas. Si estas letras han sido plasmadas en el rutinario es porque un retorno hubo. Me refiero a la vuelta al mundo de las letras, no necesariamente la literatura. O sea que, entre los compromisos de año nuevo, me he propuesto volver a las andadas de este rutinario. Asi que, por aquí nos vemos diarina.
sábado, octubre 31
La sombra de los ángeles
Nos acostumbramos a sepultar los sueños con caricias. Jugamos a que vivíamos una vida ajena, pasajera, acaso reincidente. Nos mirábamos a los ojos tratando de llegar al otro lado, intentando descubrir la telaraña que deshilachaba al tiempo; no fuimos capaces de dar el salto sino que nos hundimos en la encrucijada de los sexos. Hoy ya no se quien soy, pero me recuerdo. También te recuerdo a ti, aun cuando cada vez se vuelve más incierta tu presencia. ¿Fuiste la que creo que fuiste o la que de tu deseo por volar por siempre te convertiste? Yo no lo se de cierto; alguien, acaso Jaime, lo supone.
Fueron días de sol intenso, de lloviznas por la tarde y moscas rondando de oreja a oreja. Yo no miraba al mundo si no era a través de tu presencia. ¿Para qué andar a rastras cuando volar se puede? Contemplamos al universo entero --Blake, ni modo, qué chingados-- en el penúltimo escupitajo de tu tía Carlota. Fue entonces cuando reímos a carcajadas, a rienda suelta y a eslabón deslavado. A partir de entonces, la lluvia ya no fue lluvia ni los crepúsculos atenuante insinuación del incontrolable paso del tiempo.
Hoy ya no sabemos de caricias, sueños o carcajadas. La distancia se volvió insondable desde la primera vez que cruzaste el charco. No fue en un A380, acaso en un 747. Tres asientos para ti sola, como si los espacios se hubiesen extendido tras nuestra separación. Volaste. Yo me quedé en el vuelo. Hoy yo no se si eres la que fue o soy el que es sin que el pasado en verdad haya sucedido.
lunes, octubre 12
volver a la rutina
Cuando uno no vuelve a la rutina, la rutina se encarga por desencajarlo a uno. ¿Quién chingados es ese uno? Yo, digamos. Tomemos --vaya paradójica confabulación de esquizofrenias-- como ejemplo al Rutinario. Plasmar pixeles sobre la pantalla y trasmitirlos al ciberespacio era --es, cuando lo hago-- para mí el análogo de la rubia constantemente mirándose al espejo. Yo no me miro pero me escribo; no vivo sino que me invento. Entonces, si abandono la rutina de volver cada día a mirarme al espejo, a mandarme a la chingada, allá donde pueda que en verdad quede la chingada, entonces dejo de vivir y simplemente me dedico a matar el tiempo. Si, vivir requiere mucho más que ametrallar a los segundos a veces insoportables pero tan deseados cuando se teme ya no más tenerlos. Después de haberme atemorizado ayer por la noche y revolcarme un chingo --mil, dos mil, un millón, la cantidad que sea-- de veces sobre la cama, hasta que la funda ya no cubria al colchón sino que se sentía como un músculo vivo, palpitante, bajo mi espalda, decidí volver a eruptar pendejadas al espacio. Aquí estoy, me veo. He vivido un segundo. Aplausos.
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